Es tiempo de abandonar la frase “los no abogados”

No abogados

En muchos escenarios repetimos que las palabras tienen poder y que somos lo que decimos. Desde las narrativas se afirma que las palabras crean realidades. Es común ver en los cursos de conciliación, mediación, negociación y otros métodos de resolución de conflictos que el tercero debe promover la comunicación apreciativa, y es más, ser ejemplo de la misma. En la Resolución de Conflictos se promueve la interdisciplina como un principio del reconocimiento a los aportes que han hecho y continúan haciendo las personas basadas en sus conocimientos y experiencias multi-profesionales. Sin embargo ¿Alguna vez han escuchado decir a un profesional referirse a otros como los “no economistas”? ¿Los “no médicos”? ¿Los “no ingenieros”? ¿Los “no psicólogos”? pero tal vez sí hemos escuchado y validado el término “no abogados” ¿Por qué? ¿Somos tan diferentes que debemos utilizar una frase excluyende, peyorativa e irrespetuosa? Aún más, escuchar esto de boca de los conciliadores y mediadores es un contrasentido.

Esta nota está inspirada en un amigo y colega que una vez me hizo el comentario que le llamaba mucho la atención escuchar en los abogados referirse sobre los diferentes profesionales como nos “no abogados”, que esto era algo que él no hacía como economisma, pero que además, no lo escuchaba de otros profesionales. En ese momento me hizo caer en la cuenta que áun existen frases que se volvieron comunes y sobre las que no reflexionamos para ser conscientes que debemos dejarlas de utilizar. El decir “no abogados” no construye, promueve o genera valor positivo. El objetivo de esta nota es invitar a los mediadores y conciliadores a aplicar eso que tanto nos enseñan: comunicación apreciativa. Si queremos hacer referencia a profesiones diferentes al derecho, seguramente en la riqueza del español, podemos encontrar unas que no tengan una connotación de superioridad o despectivas. Por ejemplo, otros profesionales, profesionales tales como.

En este mismo sentido, muchos años atrás, Lemoine D. Pierce escribió una carta al editor a la Dispute Resolution Magazine en donde hacía una llamado a dejar de usar el término “no abogados” por parte de los mediadores en Estados Unidos. Explica el profesor Pierce que el origen de dicha expresión fue para hacer referencia a las personas técnicas que apoyan a los profesionales del derecho. Pese a ello, insiste en que el decir “no abogados” es peyorativo. Asimismo, el uso de estos términos genera una distorsión en las personas sobre el lenguaje de ellos versus nosotros.

¿Está de acuerdo con esta invitación? El lenguaje es dinámico y debemos cuidar nuestras palabras para respetarnos y apreciarnos.

 

2 pensamientos en “Es tiempo de abandonar la frase “los no abogados”

  1. Vaya por delante mi agradecimiento a D. Harbey, por incluirme desde un principio entre los receptores de la información que es recogida en este blog. Siempre oportuna e interesante para quienes de una forma u otra seguimos driblando en el mundo de la resolución de conflictos.
    Mi oficio en mediación es fruto de la deriba que la terapia propone para atender algunos conflictos cuyos perfiles requieren validar la suficiencia y competencia de los actores en la resolución de las “situaciones” que diferentes disciplinas proponen para acotar el territorio de intervención.
    Desde aquí, es posible plantearnos que el nicho social de la mediación no es parcelable desde otras disciplianas que no sean la propia mediación. Esto es, la mediación tiene su propio nicho social; que es devolver el conflicto a sus actores. La competencia que se valida desde la mediación no es otra cosa que la legitimación, que un tercero – a la vez legitimado por ley para ello-, da a los actores para abordar, y resolver como mejor consideren la “situación”. A priori no hay un valor dominante ni predeterminado, hay una situación en la cual, los actores ven una controversia y necesitan ser “legitimados” para controlarla y en su caso “reestructurarla” para cogenerar nuevos significados en la misma.
    Llegados aquí, podemos convenir que el/los significado/s deribado/s del encuentro, en contexto de mediación, no necesariamente se ajusta a una u otra disciplina. Podemos concluir que la situación se ha reconducido a partir de nuevos presupuestos que se han abierto en el espacio co-creado para ello. Y precisa, y necesariamente desde los presupuestos de los actores (mediados y otros terceros), a partir del andamiaje que pudiera construirse de forma progresiva, garantizando los presupuestos que validan la mediación como instrumento.
    Efectivamente. No es necesario decir “no abogado”, ni “no terapeuta”, ni “no economista”, ni…,. “RESCATAR AL INDIVIDUO EN SU CONFLICTO” es una nueva tarea, tan antigua como siempre fué ayudar al individuo en situaciones de conflicto. Lo nuevo es la garantía que el Estado pone al servicio del ciudadano a partir del concurso de un mediador.

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